Aguacate, Mandarina y sus amigos.

En un mundo de fallas y aventuras secuestradas, se encuentran dos pequeños héroes que pondrán el ejemplo con sus divertidas vivencias, acompañados de amigos muy diferentes.

viernes 27 de noviembre de 2009

Próximamente...

Aguacate ha crecido tanto, mide ya más de dos metros; le ha caído su primera helada sin protección plástica y no se ha quemado por el hielo. Por eso, por orgullo y por enojo del espantoso frío que ha- y seguirá- sufriendo, ha logrado sacar un nuevo texto. Hélo aquí:
__________________________________________________
Navidades.

¿Qué es, qué será, qué es aquello que sucederá?
No tienes idea de si vendrá y, sin embargo, sigues en tu ciego empeño de envolver, año con año, regalo tras regalo, con la esperanza de que llegue y los abra y te muestre todas las, que tú piensas que mereces, infinitas gratitudes. ¿Será que algún día llegará? ¿Será que un buen año se acuerde de ti y regrese?
¿Será que lo mereces?
¿Cuántos días de su vida lo hiciste feliz? ¿Cuántas veces lo dejaste sin humillación frente a sus amigos? ¿Cuántas mañanas no exigías tú el beso, so pena de un buen pellizco? ¿Cuántos domingos no lo mantuviste cautivo con cualquier pretexto?
Pero sigues allí, tan empeñada en contestar el teléfono; en servir siempre un plato los domingos por si viene; en ponerte en contacto con quienes piensas, pueden darte alguna información. Y te miro, porque es lo único que puedo hacer, envolviendo suéteres, calcetines, relojes: Reenvolviendo todo lo que él no ha venido a recoger y que quizás jamás recoja o que tal vez, cuando mueras, pase por ellos y los venda o tire, pero jamás regale, porque sabe bien que un regalo no es soborno, sino muestra sincera de cariño y no se atrevería a dar a nadie lo que han manoseado tus manos. Ojalá te sobreviva para poder ver ese momento.
Lo que no entiendo es cómo no sabes que él no volverá contigo; que rehúye de tu amor con razón, que descubrió que tus juegos no lo eran y que escapó de ti en cuanto vio la oportunidad.
¿No recuerdas ya los baños, las friegas, las tardes de ropa floja y cama?
Me asombra ver la tranquilidad tuya para envolver regalos, cuando yo aún puedo ver ante mí aquella mañana cálida en la que él te dijo lo incómodo que se sentía y, sobretodo, lo avergonzado que estaba por haber aceptado durante tanto tiempo esos juegos contigo y que se iba. Entonces tú, enloquecida, lo amenazaste con un cuchillo y luego le ofreciste tu cuerpo. Qué gusto me dio ver cómo te rechazaba; cómo te daba la espalda, se acercaba a mí, tomando mi inútil mano, la besaba y desaparecía por la puerta, mientras gritabas, escupiendo miedo y rabia, que no te dejara, que se arrepentiría el resto de su vida por haber abandonado a su madre en compañía de este viejo, tullido e inmóvil que fue tu padre.

lunes 27 de julio de 2009

El verano

Aguacate ha hecho un esfuerzo (no crean que no ha pensado en sus lectores, pero ha estado un poco ocupado, creciendo) y ha recordado su desarrollo de un hueso a un árbol de más de dos metros; por eso ha podido escribir algo que aquí es presentado.
____________________________________________________________
Las rayas de la carretera
Como siempre, un viaje cualquiera placentero, acomodado lo más posible en los rincones de la madre, con el padre a la cabeza guiando el pequeño rebaño. ¿A dónde van, pasados años, peleas y gramos?
Cabras, burros, vacas, rocas y mezquites. Los paisajes pocas veces cambian. ¿Qué fue de aquélla que hacía los mismos viajes? ¿En qué momento dejó de hacerlos para verse transformada en cualquier otra cosa que no Ella?
Mira por la ventanilla, preocupada por el pavimento mojado y las yerbas sueltas; prevé el momento del impacto, los huesos rotos y los ojos hasta el parabrisas. No es el momento de pensar en el desastre.
Las nubes en sus cúmulos violáceos y, más allá, donde escampa, un arcoiris largo como seda.
Luces intermitentes. Algo podría estar pasando allá adelante, dice, parece que nadie la escucha.
Ella, inquieta. Tantas horas de camino recorridas; tantas horas de camino que le esperan. Lo que más le incomoda es no poder bajar las piernas. Si tan sólo le dejaran un pequeño espacio para eso. Se engaña, bien sabe que el peso de las grandes bolsas de mandado le aplastarían los tobillos, o acaso los nopales de la reja la espinaran, o bien las tunas recién compradas. Mejor las piernas sobre el asiento que bien sabe que es todo suyo. Dormir ni pensarlo, mejor distraerse con lo que tiene a la mano: Cabras, burros, vacas, rocas y mezquites. La amplitud de su lancha del 70 le da calor, sueño y algo de vómito. La lluvia la refresca; cierra las ventanillas. ¡Un arcoiris!
El auto se detiene; los frenos responden bien. Prenden las intermitentes como los demás. Seguro hubo un choque, dice, el padre y la madre asienten. De tres carriles se hace uno; los autos avanzan, algunos dan el paso mientras otros se dan el paso. Es el turno de ellos. A la derecha una fila de autos, no sin otra forma que la de acordeones; entre ellos, no menos acordeonado, se encuentra un Volkswagen Sedan con un pasajero femenino de piel verdácea.
La escena le parece familiar. El auto continúa su trayecto.
Ella queda asombrada con la ilusión óptica del arcoiris. Tan largo, tan perfecto y mágico. ¿Cómo puede desaparecer ante los ojos de quien lo contempla? La lancha del 70 baja la velocidad; los carros están detenidos. La madre saca el brazo con una jerga roja en señal de alerta. Ella pregunta qué pasa; el padre le contesta no saber. Se hace una sola fila; la lancha del 70 se queda entre un tráiler y una Caribe. Todos avanzan a paso lento y constante. A la derecha yacen varios carros bastante deshechos, uno llama la atención: Un Volkswagen Sedan con una mujer adentro, recargada sobre el asiento del conductor, con un brazo de fuera. Parece una muñeca. Ella mira. Le llama la atención el verdor de su piel.
El tránsito se libera y la lancha del 70 acelera hasta alcanzar a los demás coches. Uno de entre todos destaca bastante; es moderno y equipado. El padre alardea de poder rebasarlo con su lancha del 70, pisa el acelerador y llega a éste.
El auto es alcanzado por un anacrónico y gigantesco carro. El padre apenas si lo nota; la madre está dormida. Sólo alguien le pone atención. Mira al interior. Allí está Ella, tan ella como siempre, como la recordaba: igual. ¡Miren!, dice, mas al voltear, el carro se desvanece como un arcoiris ya sin lluvia. El padre y la madre no ven nada y continúan sobre la raya de la carretera. Ella se asoma al interior del auto, queda sorprendida, llora un poco y luego simplemente sonríe. Saluda con la mano a la muchacha del auto moderno. ¿A quién saludas? A la del auto. Ah, bueno. Y ella sólo calla y se observa a sí misma.

lunes 20 de julio de 2009

No abandonamos...

nomás no tenemos cabeza de repente para escribir cosas.
Lo sentimos mucho.

Prometemos esforzarnos un poquitito.

Atentamente:
Aguacate & ¿Mandarina?

martes 17 de febrero de 2009

CONVOCATORIA

A los tres o cuatro lectores de este espacio.
¿Cuál sería la mejor respuesta para la carta de Elena? Mandarina se lo pregunta y le gustaría saber sus propuestas. ¡Anímense y mándelas a!

Amor, dijo el clavel...

He aquí la segunda parte de esta Saga amorosa que Mandarina ha tenido a bien en escribir para conmemorar este día del amor y la amistad pasado, y como pasado está, sería mejor decir que se conmemora el día del desamor...
___________________________________________________
Elena:

Ya leí tu carta, está muy bonita. No sé por qué dices esas cosas de mí, si yo a ti te quise mucho. Lo que pasó tenía que pasar algún día. Lo nuestro no era para siempre, pensé que eso había quedado claro. Sabías que tenía esposa y eso no te pareció importar, al contrario, parecías contenta. Yo también lo estaba, porque los momentos que pasamos juntos fueron bien intensos; no sabíamos si tendríamos la oportunidad de volver a encontrarnos y entonces nos amábamos mucho en esas horas.
Después no sé que te pasó. Como si antes nos hubiéramos visto a diario. Pasabas a buscarme hasta mi trabajo y me llevabas cosas. Las primeras veces fueron bonitas, pero después te dio por irme a visitar casi siempre y todos se daban cuenta y para colmo, un primo de mi esposa nos vio una vez y por ese descuido mi matrimonio casi se fue a la deriva. No te voy a decir cómo reaccionó mi esposa, pero sí notaste el cambio entre nosotros, ¿no? Supe entonces que tú y yo deberíamos terminar con nuestra relación.
Pensé que lo habías entendido cuando te pedí que hablaras con mi esposa y le explicaras que éramos amigos por una prima tuya a la que luego le compro lociones. Pero tú insististe en que debíamos seguirnos viendo, que mi esposa te había creído y que todo estaba solucionado.
Fuiste con más frecuencia a mi trabajo y cada vez más provocativa. Ya hasta mi jefe se estaba dando cuenta y por eso casi me corren.
Sé que entre tú y yo hubo cositas muy buenas, pero, como te dije ese día a la entrada mi trabajo: Y no soy el hombre que necesitas, ni me amas, sólo te aferras a ese sentimiento que tú dices que es Amor. Yo no creo que lo sea.
No quiero que parezcca que te insulto, pero parece que estás obsesionada conmigo. Dile a tu prima, ella te puede ayudar a buscar ayuda y por favor, olvídate de mí; porque si nos volvemos a ver tan siquiera una vez más, mi matrimonio puede peligrar, ya que ahora sí ya me voy a casar por todas las leyes.
Lamento haberte hecho el daño que dices que te hice, no fue intencional. Gracias por tu perdón y por tus bendiciones, aunque ya sabes que yo soy un buen católico y no me gustan las otras sectas.

Manuel.

martes 10 de febrero de 2009

Amor, dijo la rosa...

Se acerca el día del amor y la amistad y para conmemorar, Mandarina ha recordado una bella historia y la ha transcrito a modo de epístola en dos entregas. Esperamos que las disfruten...

_____________________________________
Manuel:


Que la Palabra te guíe, lo digo de todo corazón, que no te pase nada malo nunca y que tengas a alguien que te quiera hasta más que yo, que te sea fiel y que nunca quiera irse de tu lado. Ojalá que cuando leas estas palabras te alegres y te acuerdes de mí y no te rías más, como la vez que te vi con tus amigos y nomás me miraban. ¿Traía yo puntitos en la cara o mi falda levantada? Yo ese día que te iba a ver tan ilusionada de que sí quería que volvieras conmigo y luego te veo con tus amigos, tan contento. Me dio mucho coraje. Me trataste como vil desconocida. Toda la tarde estuve llorando por ti y por reírte de mí. Me dio mucha vergüenza. Y por eso espero que, al leer esta carta, te acuerdes bien de mí; de cuando caminábamos juntos de la mano y nada más nos importaba; de cuando pasaba por ti al trabajo y no me ponía brasier; de cuando le mentí a tu esposa para que no sospechara nada. Tantas cosas y luego me pagaste como me pagaste. Se acabó lo bonito. Nada más te iba a buscar y tú te ponías paranoico conmigo; que si qué hacía allí, que si estaba loca.
No sé que mosca te picó, si yo nada más hacía lo que a ti te gustaba tanto; como la otra vez que te fui a visitar con falda. No sé que pensabas que te iba a hacer; yo que te pasaba a saludar tan arreglada sólo para ti, ni que qué, ni que te fuera a besar allí enfrente de tus compañeros, allí tan descubierta yo. ¿Y luego? ¿Qué creías que iban a pensar de mí? Yo no soy así. Ya sé que me conociste en una fiesta con muchos amigos, pero esa vez, te juro que me obligaron; yo ni quería ir.
Pero bueno, para qué lamentarse de los malos actos. Yo nunca fui una de esas, aunque como si lo hubiera sido, porque me juntaba con esas amistades. Pero ahora ya no las frecuento más y me he acercado a la Palabra y Ella me ha aliviado los males, hasta los que tú me causaste.
Ya sé que dices que entre tú y yo no había nada más que una aventura, pero no fue así. Tú fuiste lo más intensísimo que he tenido y viví contigo los momentos más bellos de mi vida. Ya he olvidado las ofensas que me hiciste, ya mi alma está entregada a la Palabra. Diario hago una oración por tu alma pecadora, para que algún día tengas luz y fe y ya no rehuyas más, porque yo no lo hago. Te he perdonado, Manuel.
Elena

martes 25 de noviembre de 2008

Una de víboras

Aguacate se ha puesto a pensar mucho en la naturaleza que le rodea y en la naturaleza que podría rodearlo. Sí. Aguacate ha escrito sobre esto...finalmente...
¡Disfrútenlo! o júzguenlo.
___________________________________
Tarde letargo.

Siempre quiero encontrar cosas nuevas, mas no las hallo. Vanas esperanzas las mías.
“¿Quién soy, quién soy?”
Siempre que encuentro la tierra apelmazada por el sol y a las piedras que la hacen aún más impenetrable, tengo ganas de sentir el frío y rasco un para echarme en ella. Al poco tiempo, alguien llega y me levanta de mi sitio; también le entran ganas de sentir el frío. Me regaña.
“¿Dónde estoy, dónde estoy?”
Le miro indiferente y me muevo con cuidado de no quemarme con el resto de las piedras, las cuales han sido casi abrasadas por el sol durante el día. Tengo sed. El agua debe estar en donde la dejé. Camino y la veo allí, tan poco refrescante y tibia. No hay de otra (agua) y resuelvo tomarla sin prisa. Llevo poco tiempo ahí, cuando alguien más me apresura: que el agua es para todos, que no debo ser egoísta y consumirla toda. Esta vez hago como que no escucho y sigo bebiendo, pero a mi pesar, me vuelve a insistir; escucho una patada de impaciencia contra el suelo. Engaño a mi mente con que ya he saciado la sed y me retiro.
“¿De qué estoy hecho, de qué lo estoy?”
Camino con dificultad por la calle; el sol quema mis ojos; el calor agobia mis cabellos. Tengo una misión importante; si no la cumplo, no habrá alimento: Debo ir al serpentario del Rancho para tomar media docena de víboras y llevarlas vivas a casa; las serpientes conservan de ese modo sus jugos y sabor.
Tengo miedo y pereza, sobretodo pereza. ¿Por qué mejor no prefieren mosquitos y libélulas? Así de menos, habría que ir hacia la presa, donde hay oportunidad refrescarse, pero no, el menú de hoy será forzosamente de víboras y serpientes y, si son venenosas, mejor. Si acaso me hubiera inventado una ocupación en casa…
“¿Quiénes son ellos, ellos?”
Entro al serpentario silencioso. Doy pasos largos, pesados, suaves. Muevo la cabeza al encargado en señal de saludo. Me detengo a pleno sol. Oteo el campo, las rocas y el chaparro seco; analizo las mejores posibilidades para encontrar víboras. Una roca larga y plana con una saliente: si fuera montaña, tendría una vertiginosa barranca. La alzo: Encuentro allí tres pequeñas serpientes enroscadas. ¿A poco conviven así de cerca? Son aún jóvenes. Las dejo. De pronto, escucho tras de mí una cascabel alerta. Volteo y allí está, una gran víbora con cabeza de triángulo, amenazante, molesta, quizás, por haber molestado a las crías. ¿Eran suyas? No podía ser, las pequeñas no eran de su especie.
“¿Para qué hago esto, para qué lo hago?”
Lanza su primer ataque, el que esquivo, y con mi vara logro alejarla de mí y controlar su cabeza. Recuerdo la primera vez que lo hice, me emocioné tanto, que la serpiente escapó. Esta vez, por supuesto, es diferente; mi experiencia y habilidad han sobrepasado mi edad y me aseguran tanto la supervivencia, como el éxito de la misión.
Tomo la cascabel de la cola y la meto en mi costal, lo cierro y aseguro. Sigo con la búsqueda.
Me asomo precavido al chaparro, allí debe haber otra. Miro, nada, vuelvo a mirar, nada. Pronto mi insistencia cobra frutos y encuentro allí un falso coralillo. Lo agarro con determinación de la cabeza y lo introduzco al costal, donde yace la cascabel.
Me enjugo el sudor con un paliacate y sigo buscando serpientes. Sé que no he de confiarme y debo estar atento, porque de un momento a otro, alguna víbora podría aparecer y hacerme pasar un mal rato.
“¿En dónde terminaré, en dónde terminaré?
Para la quinta, hago una pausa; encuentro el banco que el encargado presta y me siento, no en el sol, ni en la sombra, sino bajo un mezquite. Busco ¿y el encargado? Debe haber salido por un taco. Estoy cansado y también hambriento. Pienso: A una serpiente y no quiero terminar la misión. Recapacito: Sólo falta una y, de no llevarla, alguien en casa se quedará sin bocado, incluso yo; así, sin consideración y todo por mal hacer mi labor. A pesar de mi reconvención, me siento abatido; mi cuerpo no quiere moverse más. Caen mis brazos al suelo.
“¡Ay, qué espanto! No quiero más esto. ¿No quiero más esto?”
Negra renegrida asfixia con entumecimiento y sudor frío, zumbido, ardor y un piquete…
Mis brazos al suelo, la tierra arenosa, más suave que de costumbre, un surco. Me incorporo velozmente y miro debajo del banco. Otra cascabel en acto de enrollarse. Advierte mi presencia y se pone alerta; tira a morder. No le doy la espalda y alcanzo la vara, mientras ella hace por atacar. Inmovilizo su cabeza, pero una fuerza descomunal en ella, la libera del yugo. La víbora está resuelta a matarme; se eleva y abalanza violentamente contra mi pierna. Me defiendo, me ataca; me alejo, me sigue.
La serpiente queda inmóvil en el suelo, su cabeza deshecha. Un tronido. El encargado con un humeante rifle en los brazos.
Tomo a la serpiente muerta y la guardo en otro saco: el de las serpientes muertas. Tomo mis dos costales y le doy las gracias al encargado. Parto.
En casa me esperan con agua hirviendo y machetes para descabezar víboras. Les doy triunfante mi aún vivo motín y el saco con la infame que quiso asesinarme. Toman el costal que contiene las serpientes vivas con prudencia y empiezan a procesar su contenido. El otro, lo revisan y lo desechan. Me miran con desaprobación; no permiten que yo les explique cosa alguna. Callo y espero a que el caldo esté listo.
“No me gusta la víbora, ¿no me gusta la víbora?”

miércoles 24 de septiembre de 2008

Palabras

La mano que todo ahorca se ha ablandado esta vez. Ha escrito algo en colaboración de Mandarina. Gracias a ella, hay un muy bonito dibujo para esta entrada.
_________________________________________




*******************************************

"que me asusto como los
niños
que oyen hablar del
coco
y tienen miedo
de que a la sombra
lejos
del padre
una mano
ajena los rapte
y les quite para
siempre"

Para el gato

martes 23 de septiembre de 2008

Monstruos/ejercicio

Aguacate, en miras de la nueva estación, ha escrito apresuradamente, a manera de ejercicio y sin el más mínimo respeto, algo nuevo para todos ustedes.
_________________________________________

MONSTROS
Los monstruos, acicates, muestran muchas cosas:
que los bidés son amigos fingidos, claros,
que los clavicordios son estruendos dorados,
que los denarios peinaron las canas.

Los monstruos aciagos llenan las entrañas;
minan, morados maravillas, momentáneo
de dulzores dentales descendientes
de dolientes dialécticos dicterios.

Los monstruos adversarios de los tiempos
y de sí mismos.

viernes 19 de septiembre de 2008

Mi chisme, mi veldá

He aquí un blog morboso, sucio, nostálgico, un blog que trata sobre la mano que ahorca a todos los autores de este blog. ¡Esa taimada manooo! Véanlo, no se arrepentirán.
_______________________________________________

¡Contemplad, picad aquí y ved mi veldá!

www.merahueva.blogspot.com

domingo 31 de agosto de 2008

Porque los árboles también toman baños de Luna.

Sentimos las molestias que esto -muy probablemente nadie lea esto nunca- les pueda ocasionar. No hay producción literaria por el momento. Ya veremos que proyecto mental se le atraviesa a nuestros aguerridos arbolitos... o a la mano que todo aprieta.


En espera de la próxima luna llena...
porque los árboles también toman baños de luna.

____________________________

La luna que ilumina
diamantes de la auroraaaaa.

jueves 7 de agosto de 2008

impureza

La mano que a todos ahorca ha escrito en su cuaderno favorito. He aquí la hoja, con su cada vez más horrorosa letra.
__________________________________



jueves 31 de julio de 2008

Sin respeto

Nogalito, poco experto en el arte literario, se ha animado a escribir para este espacio un pequeño poema (o eso dice que es). Nosotros no lo sacaremos de su idea, puesto que tampoco tenemos mucha autoridad que digamos, y nos damos en la tarea de publicarlo.
___________________________________
Correlación humana.

Se montaba cada noche en él sin saber qué resultaba y resultaba…
Seguía sus pasos sigilosos esfuerzos
sin mayor premura. El otro
cambiaba de manos como si fuera de juguete.
¿Correrían el mismo riesgo en otros tiempos, en otros mundos?
Se sabía coqueta inmerecida,
se sabía diosa de su selva ensortijada
semejante silueta conmovida de jocoso instante, adorada y…

Comenzaba a respirar entreprofundo a fuerza
callaba…calló, cayó.
Sus ojos sorpresas ahogaban su nombre:
¿Cuál era?

jueves 24 de julio de 2008

Juramos que seguimos trabajando.

Aguacate y Mandarina han tenido un poco de bloqueo mental. Juran y perjuran que han estado trabajando en un texto y lo sé de cierto, porque lo he hojeado y me ha gustado la idea. Es un buen chiste local que esperan ellos que el público disfrute.
En tanto, presentan un amigo más: Nogalito de EdoPue.
_______________________________



martes 24 de junio de 2008

Foto | Lindas amigas

Las amigas van y vienen; las amigas permanecen; las amigas lo son todo, aunque a veces olvidemos que existen, pero exiten o existieron ¿no? Aquí presentando a dos bellas amigas de Aguacate y Mandarina que se han ido ya para el otro mundo: el de los frutos. Pero que fueron hermosas mientras tuvieron su momento.

Tunitas:


▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬▬




miércoles 18 de junio de 2008

Una historia

Mandarina ha querido contar una anécdota más de la vida de cualquier persona. He aquí publicada.
___________________________________________
Pasos y miradas
Primero, las miradas encontradas, las cejas levemente arqueadas. La sorpresa después. Anteriormente había sido improbable que todo eso pasara, pero pasó y no fue tan malo. ¿Hasta dónde serían capaces de llegar? Ojos en blanco… hasta allí… más… ojos más en blanco… Vuelta atrás.
Sus manos encontraron lo insospechado: la maravillosa suavidad de sus cuerpos, siempre generosos y cálidos, ¿cómo es que nunca antes les había pasado? Una vez, a la luz del fuego, estuvo a punto de suceder; eran aún demasiado niñas o sus mentes estaban aún poco preparadas para lo posible. Media vuelta.
Pasó, se acercaron y acordaron ver más allá, juntas. Sus miradas siempre en los mismos horizontes y anhelos, tantos sueños empezaban a tejerse. Despedirse… ¡jamás! Un paso adelante.
Lucha de egos y responsabilidades; luchas silenciosas y cansadas. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? Estaban aprendiendo a convivir, estaban dispuestas a seguir y a traspasar esos insignificantes obstáculos. Un poco más y serían libres, o al menos eso pensaron. Dos pasos adelante.
Presión, terror, ruegos, angustia. Sus miradas seguían encontradas, ceños fruncidos y desesperación. Una huída, apoyo, tal vez no tanto como se necesitaba. Más presión. Sus manos se amorataron por la fuerza ejercida, hasta que, frente al caudaloso río, una saltó y la otra no. Todo fue pendido de una dulce liana de esperanza. Un paso adelante.
Mieles, las mieles de un amor expuestas a las inclemencias temporales y ambientales. Se agriaron poco a poco; la dulce liana fue raspada por crueles rocas de espera. Espera y esperanza, en la misma rama, pesan demasiado y terminan por quebrarla, caen a la mierda. Sus miradas intentan encontrarse; no pueden ¿qué pasa? Una mira a un lado y la otra al otro, se buscan en terrenos diferentes. Sus ojos están levemente tapados por un velo de tierra y humedad. Un paso no dado, casi un paso atrás.
La liana se rompe. Todos huyen despavoridos por terror y por incertidumbre. Una no puede esperar más, otra con más miedo no puede y se lanza al vacío, para ser atrapada por alguien más que indicado para hacerlo. Punto negro.
Lo único. Ser únicas. Repiquetea en sus cabezas como una ligera campana movida por el viento. Sin razones y con todo en las manos para el futuro separado, deciden dar los pasos algo cercanos, mirando de reojo al pasado, sin peleas y con descansadas sonrisas.

miércoles 11 de junio de 2008

No texto

...Y AQUÍ LES PRESENTO, NI MÁS NI MENOS AL ÚNICO, INIGUALABLE, SORPRENDENTE, PROMETEDOR, A UNO DE LOS DOS GRANDES AUTORES EN ESTE VIAJERO BLOG:


AGUACATEEEEEEE

a que cada día se pone más bonito

sábado 7 de junio de 2008

Canción boba

Como la mano que asfixia todo ha visto que están de moda los poemas y las canciones al por mayor, así, casi sin respeto de las bellas artes y la retórica, se puso a juguetear con una pluma y su fiel cuaderno para entregarles la siguiente canción.


miércoles 28 de mayo de 2008

Viejo escrito

Mandarina acaba de reclamar la autoría de un viejo escrito que fue encontrado casualmente esta semana. Calculando páginas, se le puede ubicar en el mes de noviembre del 2007. Parece recién hecho, mas no lo es. ¿Habrá sido una vista del futuro? ¿Premonición? Hay que tener mucho cuidado con lo que se escribe, eso ya lo sabíamos, pero ¿también mandarina tiene el don de la adivinación?
______________________________
Todo trata sobre tú y yo. Semanas sobre ti, semanas sobre mí.
Ojalá nunca te canses de esperarme. Ojalá esta distancia sea salvada fácilmente. ¿Cuándo decidirás venir a verme? Todos los días despierto y tu imagen se borra con la luz de la mañana. Tanta pena, como si la desidia tomara forma y se arrastrara en mi pecho. Y tú tan lejos. Yo impaciente. Las señales de tu vida cada vez son más espaciadas y monótonas. Te oigo y es como abrir un libro en la misma página; cada vez más conocido, cada vez más maltratado. ¿Te conozco de verdad?
No sé quién se está enamorando de ti, si yo o los recuerdos. Frases tan bien hechas para un fantasma como tú. A veces creo que te confundes con otras, con las mismas, con las que están hechas para estar conmigo. A veces sueño con tu cuerpo y otra cara; la de la vergüenza o la del pudor, pero no la tuya, descarada, que rinde homenaje a todo malherido que aquí he formado. Bofetada sorda y dolorosa que me pone en posición fetal, para proteger lo poco que me queda. Y a pesar de todo, sigo maravillado de los fragmentos que me hacen retorcer del aliento que ya no toco y la piel que ya no huelo. Sólo el querer atraparte hace que caiga rendido cada noche.
… …
Pronto comenzará otro episodio de deseo. Pronto soñaremos mutuamente con encontrarnos. Lograrlo será el objetivo último, como si tú y yo estuviéramos hechos para unirnos solamente una vez y después regresar con ensoñaciones y humedades pretendidas. Te atraparé una tarde, de vuelta de tus actividades, para llevarte a soñar despierta conmigo, a sumergirte en el fondo de tantas ideas gestadas por esta separación de años y millas náuticas. Náutico: todo entre tú y yo tiene que ver con sales e impotabilidad. Tú y yo no estamos hechos para el otro; pero deseamos desafiar el Hado y pretender que podemos, aunque sea una noche más; embonar y convertirnos en la normalidad de la vida, en realización del mundo que debe ser.
Mientras tanto, seguiré esperando el momento preciso en el que tú y yo nos podamos ver de nuevo. ¿Qué harás en este momento? ¿Cómo soñarás? ¿Cómo te comportarás? Sé que esto no puede ser una ilusión; sé que esto es más que real; que lo vivimos tú y yo y que en algún momento lo disfrutamos.
Lo que más temo es no volverte a ver, estar envuelto en meras mentiras y entregarme diariamente a las ilusiones hueras que me da saber que aún sigues con vida en algún sitio; que aún posees ése, tu mundo, tan especial y enigmático, donde pocos han tenido la oportunidad de ser acogidos por tu seno. Por fortuna, yo he sido uno de esos merecedores de tu lado.
Te extraño.