En un mundo de fallas y aventuras secuestradas, se encuentran dos pequeños héroes que pondrán el ejemplo con sus divertidas vivencias, acompañados de amigos muy diferentes.

martes, 17 de febrero de 2009

CONVOCATORIA

A los tres o cuatro lectores de este espacio.
¿Cuál sería la mejor respuesta para la carta de Elena? Mandarina se lo pregunta y le gustaría saber sus propuestas. ¡Anímense y mándelas a!

Amor, dijo el clavel...

He aquí la segunda parte de esta Saga amorosa que Mandarina ha tenido a bien en escribir para conmemorar este día del amor y la amistad pasado, y como pasado está, sería mejor decir que se conmemora el día del desamor...
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Elena:

Ya leí tu carta, está muy bonita. No sé por qué dices esas cosas de mí, si yo a ti te quise mucho. Lo que pasó tenía que pasar algún día. Lo nuestro no era para siempre, pensé que eso había quedado claro. Sabías que tenía esposa y eso no te pareció importar, al contrario, parecías contenta. Yo también lo estaba, porque los momentos que pasamos juntos fueron bien intensos; no sabíamos si tendríamos la oportunidad de volver a encontrarnos y entonces nos amábamos mucho en esas horas.
Después no sé que te pasó. Como si antes nos hubiéramos visto a diario. Pasabas a buscarme hasta mi trabajo y me llevabas cosas. Las primeras veces fueron bonitas, pero después te dio por irme a visitar casi siempre y todos se daban cuenta y para colmo, un primo de mi esposa nos vio una vez y por ese descuido mi matrimonio casi se fue a la deriva. No te voy a decir cómo reaccionó mi esposa, pero sí notaste el cambio entre nosotros, ¿no? Supe entonces que tú y yo deberíamos terminar con nuestra relación.
Pensé que lo habías entendido cuando te pedí que hablaras con mi esposa y le explicaras que éramos amigos por una prima tuya a la que luego le compro lociones. Pero tú insististe en que debíamos seguirnos viendo, que mi esposa te había creído y que todo estaba solucionado.
Fuiste con más frecuencia a mi trabajo y cada vez más provocativa. Ya hasta mi jefe se estaba dando cuenta y por eso casi me corren.
Sé que entre tú y yo hubo cositas muy buenas, pero, como te dije ese día a la entrada mi trabajo: Y no soy el hombre que necesitas, ni me amas, sólo te aferras a ese sentimiento que tú dices que es Amor. Yo no creo que lo sea.
No quiero que parezcca que te insulto, pero parece que estás obsesionada conmigo. Dile a tu prima, ella te puede ayudar a buscar ayuda y por favor, olvídate de mí; porque si nos volvemos a ver tan siquiera una vez más, mi matrimonio puede peligrar, ya que ahora sí ya me voy a casar por todas las leyes.
Lamento haberte hecho el daño que dices que te hice, no fue intencional. Gracias por tu perdón y por tus bendiciones, aunque ya sabes que yo soy un buen católico y no me gustan las otras sectas.

Manuel.

martes, 10 de febrero de 2009

Amor, dijo la rosa...

Se acerca el día del amor y la amistad y para conmemorar, Mandarina ha recordado una bella historia y la ha transcrito a modo de epístola en dos entregas. Esperamos que las disfruten...

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Manuel:


Que la Palabra te guíe, lo digo de todo corazón, que no te pase nada malo nunca y que tengas a alguien que te quiera hasta más que yo, que te sea fiel y que nunca quiera irse de tu lado. Ojalá que cuando leas estas palabras te alegres y te acuerdes de mí y no te rías más, como la vez que te vi con tus amigos y nomás me miraban. ¿Traía yo puntitos en la cara o mi falda levantada? Yo ese día que te iba a ver tan ilusionada de que sí quería que volvieras conmigo y luego te veo con tus amigos, tan contento. Me dio mucho coraje. Me trataste como vil desconocida. Toda la tarde estuve llorando por ti y por reírte de mí. Me dio mucha vergüenza. Y por eso espero que, al leer esta carta, te acuerdes bien de mí; de cuando caminábamos juntos de la mano y nada más nos importaba; de cuando pasaba por ti al trabajo y no me ponía brasier; de cuando le mentí a tu esposa para que no sospechara nada. Tantas cosas y luego me pagaste como me pagaste. Se acabó lo bonito. Nada más te iba a buscar y tú te ponías paranoico conmigo; que si qué hacía allí, que si estaba loca.
No sé que mosca te picó, si yo nada más hacía lo que a ti te gustaba tanto; como la otra vez que te fui a visitar con falda. No sé que pensabas que te iba a hacer; yo que te pasaba a saludar tan arreglada sólo para ti, ni que qué, ni que te fuera a besar allí enfrente de tus compañeros, allí tan descubierta yo. ¿Y luego? ¿Qué creías que iban a pensar de mí? Yo no soy así. Ya sé que me conociste en una fiesta con muchos amigos, pero esa vez, te juro que me obligaron; yo ni quería ir.
Pero bueno, para qué lamentarse de los malos actos. Yo nunca fui una de esas, aunque como si lo hubiera sido, porque me juntaba con esas amistades. Pero ahora ya no las frecuento más y me he acercado a la Palabra y Ella me ha aliviado los males, hasta los que tú me causaste.
Ya sé que dices que entre tú y yo no había nada más que una aventura, pero no fue así. Tú fuiste lo más intensísimo que he tenido y viví contigo los momentos más bellos de mi vida. Ya he olvidado las ofensas que me hiciste, ya mi alma está entregada a la Palabra. Diario hago una oración por tu alma pecadora, para que algún día tengas luz y fe y ya no rehuyas más, porque yo no lo hago. Te he perdonado, Manuel.
Elena

martes, 25 de noviembre de 2008

Una de víboras

Aguacate se ha puesto a pensar mucho en la naturaleza que le rodea y en la naturaleza que podría rodearlo. Sí. Aguacate ha escrito sobre esto...finalmente...
¡Disfrútenlo! o júzguenlo.
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Tarde letargo.

Siempre quiero encontrar cosas nuevas, mas no las hallo. Vanas esperanzas las mías.
“¿Quién soy, quién soy?”
Siempre que encuentro la tierra apelmazada por el sol y a las piedras que la hacen aún más impenetrable, tengo ganas de sentir el frío y rasco un para echarme en ella. Al poco tiempo, alguien llega y me levanta de mi sitio; también le entran ganas de sentir el frío. Me regaña.
“¿Dónde estoy, dónde estoy?”
Le miro indiferente y me muevo con cuidado de no quemarme con el resto de las piedras, las cuales han sido casi abrasadas por el sol durante el día. Tengo sed. El agua debe estar en donde la dejé. Camino y la veo allí, tan poco refrescante y tibia. No hay de otra (agua) y resuelvo tomarla sin prisa. Llevo poco tiempo ahí, cuando alguien más me apresura: que el agua es para todos, que no debo ser egoísta y consumirla toda. Esta vez hago como que no escucho y sigo bebiendo, pero a mi pesar, me vuelve a insistir; escucho una patada de impaciencia contra el suelo. Engaño a mi mente con que ya he saciado la sed y me retiro.
“¿De qué estoy hecho, de qué lo estoy?”
Camino con dificultad por la calle; el sol quema mis ojos; el calor agobia mis cabellos. Tengo una misión importante; si no la cumplo, no habrá alimento: Debo ir al serpentario del Rancho para tomar media docena de víboras y llevarlas vivas a casa; las serpientes conservan de ese modo sus jugos y sabor.
Tengo miedo y pereza, sobretodo pereza. ¿Por qué mejor no prefieren mosquitos y libélulas? Así de menos, habría que ir hacia la presa, donde hay oportunidad refrescarse, pero no, el menú de hoy será forzosamente de víboras y serpientes y, si son venenosas, mejor. Si acaso me hubiera inventado una ocupación en casa…
“¿Quiénes son ellos, ellos?”
Entro al serpentario silencioso. Doy pasos largos, pesados, suaves. Muevo la cabeza al encargado en señal de saludo. Me detengo a pleno sol. Oteo el campo, las rocas y el chaparro seco; analizo las mejores posibilidades para encontrar víboras. Una roca larga y plana con una saliente: si fuera montaña, tendría una vertiginosa barranca. La alzo: Encuentro allí tres pequeñas serpientes enroscadas. ¿A poco conviven así de cerca? Son aún jóvenes. Las dejo. De pronto, escucho tras de mí una cascabel alerta. Volteo y allí está, una gran víbora con cabeza de triángulo, amenazante, molesta, quizás, por haber molestado a las crías. ¿Eran suyas? No podía ser, las pequeñas no eran de su especie.
“¿Para qué hago esto, para qué lo hago?”
Lanza su primer ataque, el que esquivo, y con mi vara logro alejarla de mí y controlar su cabeza. Recuerdo la primera vez que lo hice, me emocioné tanto, que la serpiente escapó. Esta vez, por supuesto, es diferente; mi experiencia y habilidad han sobrepasado mi edad y me aseguran tanto la supervivencia, como el éxito de la misión.
Tomo la cascabel de la cola y la meto en mi costal, lo cierro y aseguro. Sigo con la búsqueda.
Me asomo precavido al chaparro, allí debe haber otra. Miro, nada, vuelvo a mirar, nada. Pronto mi insistencia cobra frutos y encuentro allí un falso coralillo. Lo agarro con determinación de la cabeza y lo introduzco al costal, donde yace la cascabel.
Me enjugo el sudor con un paliacate y sigo buscando serpientes. Sé que no he de confiarme y debo estar atento, porque de un momento a otro, alguna víbora podría aparecer y hacerme pasar un mal rato.
“¿En dónde terminaré, en dónde terminaré?
Para la quinta, hago una pausa; encuentro el banco que el encargado presta y me siento, no en el sol, ni en la sombra, sino bajo un mezquite. Busco ¿y el encargado? Debe haber salido por un taco. Estoy cansado y también hambriento. Pienso: A una serpiente y no quiero terminar la misión. Recapacito: Sólo falta una y, de no llevarla, alguien en casa se quedará sin bocado, incluso yo; así, sin consideración y todo por mal hacer mi labor. A pesar de mi reconvención, me siento abatido; mi cuerpo no quiere moverse más. Caen mis brazos al suelo.
“¡Ay, qué espanto! No quiero más esto. ¿No quiero más esto?”
Negra renegrida asfixia con entumecimiento y sudor frío, zumbido, ardor y un piquete…
Mis brazos al suelo, la tierra arenosa, más suave que de costumbre, un surco. Me incorporo velozmente y miro debajo del banco. Otra cascabel en acto de enrollarse. Advierte mi presencia y se pone alerta; tira a morder. No le doy la espalda y alcanzo la vara, mientras ella hace por atacar. Inmovilizo su cabeza, pero una fuerza descomunal en ella, la libera del yugo. La víbora está resuelta a matarme; se eleva y abalanza violentamente contra mi pierna. Me defiendo, me ataca; me alejo, me sigue.
La serpiente queda inmóvil en el suelo, su cabeza deshecha. Un tronido. El encargado con un humeante rifle en los brazos.
Tomo a la serpiente muerta y la guardo en otro saco: el de las serpientes muertas. Tomo mis dos costales y le doy las gracias al encargado. Parto.
En casa me esperan con agua hirviendo y machetes para descabezar víboras. Les doy triunfante mi aún vivo motín y el saco con la infame que quiso asesinarme. Toman el costal que contiene las serpientes vivas con prudencia y empiezan a procesar su contenido. El otro, lo revisan y lo desechan. Me miran con desaprobación; no permiten que yo les explique cosa alguna. Callo y espero a que el caldo esté listo.
“No me gusta la víbora, ¿no me gusta la víbora?”

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Palabras

La mano que todo ahorca se ha ablandado esta vez. Ha escrito algo en colaboración de Mandarina. Gracias a ella, hay un muy bonito dibujo para esta entrada.
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"que me asusto como los
niños
que oyen hablar del
coco
y tienen miedo
de que a la sombra
lejos
del padre
una mano
ajena los rapte
y les quite para
siempre"

Para el gato

martes, 23 de septiembre de 2008

Monstruos/ejercicio

Aguacate, en miras de la nueva estación, ha escrito apresuradamente, a manera de ejercicio y sin el más mínimo respeto, algo nuevo para todos ustedes.
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MONSTROS
Los monstruos, acicates, muestran muchas cosas:
que los bidés son amigos fingidos, claros,
que los clavicordios son estruendos dorados,
que los denarios peinaron las canas.

Los monstruos aciagos llenan las entrañas;
minan, morados maravillas, momentáneo
de dulzores dentales descendientes
de dolientes dialécticos dicterios.

Los monstruos adversarios de los tiempos
y de sí mismos.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Mi chisme, mi veldá

He aquí un blog morboso, sucio, nostálgico, un blog que trata sobre la mano que ahorca a todos los autores de este blog. ¡Esa taimada manooo! Véanlo, no se arrepentirán.
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¡Contemplad, picad aquí y ved mi veldá!

www.merahueva.blogspot.com

domingo, 31 de agosto de 2008

Porque los árboles también toman baños de Luna.

Sentimos las molestias que esto -muy probablemente nadie lea esto nunca- les pueda ocasionar. No hay producción literaria por el momento. Ya veremos que proyecto mental se le atraviesa a nuestros aguerridos arbolitos... o a la mano que todo aprieta.


En espera de la próxima luna llena...
porque los árboles también toman baños de luna.

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La luna que ilumina
diamantes de la auroraaaaa.

jueves, 7 de agosto de 2008

impureza

La mano que a todos ahorca ha escrito en su cuaderno favorito. He aquí la hoja, con su cada vez más horrorosa letra.
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jueves, 31 de julio de 2008

Sin respeto

Nogalito, poco experto en el arte literario, se ha animado a escribir para este espacio un pequeño poema (o eso dice que es). Nosotros no lo sacaremos de su idea, puesto que tampoco tenemos mucha autoridad que digamos, y nos damos en la tarea de publicarlo.
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Correlación humana.

Se montaba cada noche en él sin saber qué resultaba y resultaba…
Seguía sus pasos sigilosos esfuerzos
sin mayor premura. El otro
cambiaba de manos como si fuera de juguete.
¿Correrían el mismo riesgo en otros tiempos, en otros mundos?
Se sabía coqueta inmerecida,
se sabía diosa de su selva ensortijada
semejante silueta conmovida de jocoso instante, adorada y…

Comenzaba a respirar entreprofundo a fuerza
callaba…calló, cayó.
Sus ojos sorpresas ahogaban su nombre:
¿Cuál era?

jueves, 24 de julio de 2008

Juramos que seguimos trabajando.

Aguacate y Mandarina han tenido un poco de bloqueo mental. Juran y perjuran que han estado trabajando en un texto y lo sé de cierto, porque lo he hojeado y me ha gustado la idea. Es un buen chiste local que esperan ellos que el público disfrute.
En tanto, presentan un amigo más: Nogalito de EdoPue.
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martes, 24 de junio de 2008

Foto | Lindas amigas

Las amigas van y vienen; las amigas permanecen; las amigas lo son todo, aunque a veces olvidemos que existen, pero exiten o existieron ¿no? Aquí presentando a dos bellas amigas de Aguacate y Mandarina que se han ido ya para el otro mundo: el de los frutos. Pero que fueron hermosas mientras tuvieron su momento.

Tunitas:


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miércoles, 18 de junio de 2008

Una historia

Mandarina ha querido contar una anécdota más de la vida de cualquier persona. He aquí publicada.
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Pasos y miradas
Primero, las miradas encontradas, las cejas levemente arqueadas. La sorpresa después. Anteriormente había sido improbable que todo eso pasara, pero pasó y no fue tan malo. ¿Hasta dónde serían capaces de llegar? Ojos en blanco… hasta allí… más… ojos más en blanco… Vuelta atrás.
Sus manos encontraron lo insospechado: la maravillosa suavidad de sus cuerpos, siempre generosos y cálidos, ¿cómo es que nunca antes les había pasado? Una vez, a la luz del fuego, estuvo a punto de suceder; eran aún demasiado niñas o sus mentes estaban aún poco preparadas para lo posible. Media vuelta.
Pasó, se acercaron y acordaron ver más allá, juntas. Sus miradas siempre en los mismos horizontes y anhelos, tantos sueños empezaban a tejerse. Despedirse… ¡jamás! Un paso adelante.
Lucha de egos y responsabilidades; luchas silenciosas y cansadas. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? Estaban aprendiendo a convivir, estaban dispuestas a seguir y a traspasar esos insignificantes obstáculos. Un poco más y serían libres, o al menos eso pensaron. Dos pasos adelante.
Presión, terror, ruegos, angustia. Sus miradas seguían encontradas, ceños fruncidos y desesperación. Una huída, apoyo, tal vez no tanto como se necesitaba. Más presión. Sus manos se amorataron por la fuerza ejercida, hasta que, frente al caudaloso río, una saltó y la otra no. Todo fue pendido de una dulce liana de esperanza. Un paso adelante.
Mieles, las mieles de un amor expuestas a las inclemencias temporales y ambientales. Se agriaron poco a poco; la dulce liana fue raspada por crueles rocas de espera. Espera y esperanza, en la misma rama, pesan demasiado y terminan por quebrarla, caen a la mierda. Sus miradas intentan encontrarse; no pueden ¿qué pasa? Una mira a un lado y la otra al otro, se buscan en terrenos diferentes. Sus ojos están levemente tapados por un velo de tierra y humedad. Un paso no dado, casi un paso atrás.
La liana se rompe. Todos huyen despavoridos por terror y por incertidumbre. Una no puede esperar más, otra con más miedo no puede y se lanza al vacío, para ser atrapada por alguien más que indicado para hacerlo. Punto negro.
Lo único. Ser únicas. Repiquetea en sus cabezas como una ligera campana movida por el viento. Sin razones y con todo en las manos para el futuro separado, deciden dar los pasos algo cercanos, mirando de reojo al pasado, sin peleas y con descansadas sonrisas.

miércoles, 11 de junio de 2008

No texto

...Y AQUÍ LES PRESENTO, NI MÁS NI MENOS AL ÚNICO, INIGUALABLE, SORPRENDENTE, PROMETEDOR, A UNO DE LOS DOS GRANDES AUTORES EN ESTE VIAJERO BLOG:


AGUACATEEEEEEE

a que cada día se pone más bonito

sábado, 7 de junio de 2008

Canción boba

Como la mano que asfixia todo ha visto que están de moda los poemas y las canciones al por mayor, así, casi sin respeto de las bellas artes y la retórica, se puso a juguetear con una pluma y su fiel cuaderno para entregarles la siguiente canción.


miércoles, 28 de mayo de 2008

Viejo escrito

Mandarina acaba de reclamar la autoría de un viejo escrito que fue encontrado casualmente esta semana. Calculando páginas, se le puede ubicar en el mes de noviembre del 2007. Parece recién hecho, mas no lo es. ¿Habrá sido una vista del futuro? ¿Premonición? Hay que tener mucho cuidado con lo que se escribe, eso ya lo sabíamos, pero ¿también mandarina tiene el don de la adivinación?
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Todo trata sobre tú y yo. Semanas sobre ti, semanas sobre mí.
Ojalá nunca te canses de esperarme. Ojalá esta distancia sea salvada fácilmente. ¿Cuándo decidirás venir a verme? Todos los días despierto y tu imagen se borra con la luz de la mañana. Tanta pena, como si la desidia tomara forma y se arrastrara en mi pecho. Y tú tan lejos. Yo impaciente. Las señales de tu vida cada vez son más espaciadas y monótonas. Te oigo y es como abrir un libro en la misma página; cada vez más conocido, cada vez más maltratado. ¿Te conozco de verdad?
No sé quién se está enamorando de ti, si yo o los recuerdos. Frases tan bien hechas para un fantasma como tú. A veces creo que te confundes con otras, con las mismas, con las que están hechas para estar conmigo. A veces sueño con tu cuerpo y otra cara; la de la vergüenza o la del pudor, pero no la tuya, descarada, que rinde homenaje a todo malherido que aquí he formado. Bofetada sorda y dolorosa que me pone en posición fetal, para proteger lo poco que me queda. Y a pesar de todo, sigo maravillado de los fragmentos que me hacen retorcer del aliento que ya no toco y la piel que ya no huelo. Sólo el querer atraparte hace que caiga rendido cada noche.
… …
Pronto comenzará otro episodio de deseo. Pronto soñaremos mutuamente con encontrarnos. Lograrlo será el objetivo último, como si tú y yo estuviéramos hechos para unirnos solamente una vez y después regresar con ensoñaciones y humedades pretendidas. Te atraparé una tarde, de vuelta de tus actividades, para llevarte a soñar despierta conmigo, a sumergirte en el fondo de tantas ideas gestadas por esta separación de años y millas náuticas. Náutico: todo entre tú y yo tiene que ver con sales e impotabilidad. Tú y yo no estamos hechos para el otro; pero deseamos desafiar el Hado y pretender que podemos, aunque sea una noche más; embonar y convertirnos en la normalidad de la vida, en realización del mundo que debe ser.
Mientras tanto, seguiré esperando el momento preciso en el que tú y yo nos podamos ver de nuevo. ¿Qué harás en este momento? ¿Cómo soñarás? ¿Cómo te comportarás? Sé que esto no puede ser una ilusión; sé que esto es más que real; que lo vivimos tú y yo y que en algún momento lo disfrutamos.
Lo que más temo es no volverte a ver, estar envuelto en meras mentiras y entregarme diariamente a las ilusiones hueras que me da saber que aún sigues con vida en algún sitio; que aún posees ése, tu mundo, tan especial y enigmático, donde pocos han tenido la oportunidad de ser acogidos por tu seno. Por fortuna, yo he sido uno de esos merecedores de tu lado.
Te extraño.

viernes, 23 de mayo de 2008

El juego de la Maraña

¿Quién lo ha jugado alguna vez? Sé que algunos de los pocos lectores de este espacio lo han hecho. He aquí una muestra de lo peligroso que puede ser adentrarse en ella, o en muchas de ellas. Aguacate, con agrio humor, ha sido el autor de este texto.
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Marañas
-- ¡Vamos a jugar a las marañas! – dijo Perla un largo día de verano—Anda ¿Sí?
-- Mejor juega a los muertos o a las canicas de lodo.
-- ¡No! Yo quiero jugar a las marañas contigo, ahorita que no hay nadie más –miró a Gilberto con ojos bien abiertos y los labios rosas con aliento entrecortado.
-- Bueno, vamos a jugar, ¿cómo dices que es ese juego?
Gilberto se levantó de su mecedora y se dejó conducir por Perla. La miraba como si no la hubiera visto en años, muchos años. Tan blanca, tan sonriente, tan viva y tan pequeña, sin embargo.
Llegaron al cuarto de Perla; se sentaron en el suelo. Ella tomó la mano de Gilberto y la puso en su cabello. Sus dedos empezaron a amasar los negros y abundantes rizos que contenía esa cabecita. Se detuvo un momento.
-- ¿Esto es jugar a las marañas?
-- Sí – dijo Perla—pero síguelo haciendo, para que juegues bien.
-- Entonces, ¿quieres que juegue bien? ¿Cómo es eso?
-- Pues es fácil; sigue así hasta que yo diga ya—Perla metió la mano de Gilberto, de manera que las yemas tocaran muy bien el cuero cabelludo y bajó la cabeza.
Gilberto se acomodó y le rascó suavemente la cabeza. Perla entrecerró los ojos, cabeceó y se quedó profundamente dormida en su regazo. Intentó acomodarla para que estuviera más cómoda su, mas, cuando quiso sacar la mano de su cabello, no pudo hacerlo. Sintió un ligero hormigueo en sus dedos y después ardor. Su mano había sido engullida tan tiernamente, que no había notado que llevaba ya dos falanges de cada dedo dentro de la cabeza de Perla.
-- Niña perversa, --dijo Gilberto-- por eso querías jugar en este momento, mientras no hay nadie.
Debía salirse lo antes posible de la situación. Jaló su mano; la cabeza la retenía con fuerza. Movió sus dedos; el hormigueo los mantenía adormecidos. Empujó la cabeza; su brazo parecía más elástico y la cabeza permanecía en su sitio.
No sabía qué hacer; temía que alguien llegara y lo encontrara en tal embarazoso momento. Quiso despertar a Perla. Le mordió, le arañó, le tapó la nariz incluso. Ella solamente suspiraba. Su blanca piel, a salvo de enrojecimientos o amoratamientos. Ahora quería más ayuda que nunca. La tarde parecía eterna y nadie daba muestras de vida. ¿Pasos? Los del perro. ¿Una puerta? Sólo el viento. ¿Gritos? Los pasillos.
A lo largo y ancho de esa casa de verano, no se encontraba otro adulto, más que él y no se mostraba otro niño, más que ella.
Sintió su mano entera absorbida por la cabeza de Perla. Sudó frío. ¿Se lo comería vivo?
Se detuvo: La cabeza dejó de traer la mano para sí e hizo movimientos parecidos, acaso a la masticación, acaso a los latidos. Gilberto tuvo alivio; entre espasmo y espasmo se abría espacio y él podía mover los dedos y quitarse un poco del hormigueo que padecía. Entre más movía los dedos, más violentos eran los espasmos. Probablemente en uno de ellos, él podría quedar liberado, pensó.
Uno, dos, tres: hizo el intento; quedó atorado por su pulgar. Uno, dos, tres: en vez de ir la mano hacia fuera, se internó más en la cabeza. Uno, dos, tres: Perla despertó.
-- ¡Ya! – dijo--. Ya acabó el juego. ¡Ganaste! Lo hiciste muy bien.
La mano fue expulsada por su cabeza. Gilberto tomó su muñeca a modo de protegerla y miró a la niña con asombro. Perla le sonrió; se levantó y salió corriendo. Sonoras carcajadas resonaron por toda la casa.
Se quedó sentado mirando su mano exhausta. No supo cuánto tiempo transcurrió. Oyó pesados pasos.
-- ¿Otra vez allí dentro? – dijo una mujer que reconoció como su madre. —Sabes que es muy delicado que entres a ese cuarto; tu padre se molestará. Ya sabes lo que dice, que no debes molestar muertos y menos niños muertos. ¡Sal de ahí!
Gilberto reaccionó. ¿Qué le había dicho esa mujer? Sí, Perla y él habían estado jugando toda la tarde. ¿Cuáles muertos? Alzó la vista y vio un pequeño altar. En él había una veladora y la foto de una niña risueña, blanca y con una cabellera abrumadoramente abundante. Perla. ¿Su hermanita? Claro. Ella se llamaba así.

jueves, 22 de mayo de 2008

Parásitos

Aguacate y Mandarina no tuvieron nada que ver en esto. ¿Recuerdan el episodio de la mano que priva de oxígeno? Pues ella ha aparecido para poner algún tipo de terror en este espacio. Aquí su singular obra.

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lunes, 28 de abril de 2008

Bella época

Aquí Mandarina reportando su sentir. Aquí Mandarina que recuerda las bellas épocas vigentes. Aquí Mandarina que publica:
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Discurso
Y tú de zampón, insolente y preguntón, nomás tantito, dices tú y ya cuando miro, lo tienes toditito en la boca: que la comida, que las leperadas, que las preguntotas.
Y mira nomás en qué andrajos te andas presentando pa’pedir trabajo, con razón nadie te toma en cuenta, mira que ni Lolita de la cuadra te reconoce ya. La otra vez me preguntó por mi muchacho y no supe si decirle que era el que andaba rondando la cuadra o el que andaba fueras buscando trabajo. De la vergüenza no atiné mas que decir que quién sabe y me metí rapidito pa’la casa. Y ya que de rato llegaste tú, quesque de un trabajo y que si haber si te lo daban. Haber pa’cuando. Fueras como tu hermana, que ya hasta novio tiene, que jura y perjura que la va a sacar de trabajar cuando se casen.
¡Mira nomás, ya estás sobre la cazuela! ¡Deja allí! Es para el novio de tu hermana, muchacho tan atento y guapo, siempre de traje y con uñas bien cortadas. Así deberías ser tú. ¿Que tu hermana qué? Te encanta levantarle falsos; ella es incapaz de hacer esas barbaridades, si sabré yo, que la crié. ¡Sácate! Ya parece que la haz de estar viendo en esos lugares a los que tú vas, si ella no es como tú, que nada más piensa en esas cosas. Ya me imagino las cochinadas que harás allá. Todo por desobligado, desvergonzado. Tu hermanita qué tendría que estar haciendo allá, si aquí tiene su casa, su cama, su comida. Si tiene novio que la cuida y la respeta. No te rías. He visto cómo la trata; siempre tan caballeroso y atento. Jamás deja que ella abra una puerta. Si tu padre hubiera sido así, otro gallo nos cantara y, sobretodo a ti, que vas directito a sus pasos.
Todo por hacerte caso y dejar que estudiaras esas cosas que ni sirven para nada.
¡Ay mijo! ¿Qué hice yo contigo? La vida no se trata de’sas cosas que te pasas escribiendo, puras cosas feas que ni se entienden, siquiera escribieras las historias de la familia, del rancho, lo bonito, los paisajes de tus abuelos, no que nomás escribes de tonterías, de pura muerte, de puras cosas que no. No me vengas con que eso es la sociedad. Ponte a ver las cosas bonitas, la gente buena y trabajadora. Ya sé que dices que no hay de’sa gente, pero fíjate bien, es cuestión de ver las cualidades y no los defectos. Que pesimista eres.
¿Qué? ¿Tu padre? ¡No andes preguntado! Ahí vas con tus cosas. No te interesa. Mejor deberías ponerte a trabajar para que me des, en vez de andarme molestando.
¡Anda! Ve por él, ya ha de andar con su compadre…