Porque todos fallan, porque nadie puede jactarse de ser perfecto. Aunque alguien se encuentre maravillado de sí mismo, éste siempre sufrirá alguna decepción. No hay duda; somos insignificantes. Y poco nos podemos quejar. Mejor seamos como los árboles, siempre rectos y osados; en constante búsqueda del sol y la humedad. Sin sufrir el ego de los demás, porque hemos sido plantados en un muy buen lugar; ya sea cerca de algo que nos protege, entre las rocas que amenazan con precipitarse y aplastar algo, o donde alguna mano caprichosa se le haya ocurrido tirar una semilla.
Aguacate fue una bola grande y dura que fue sembrada en una maceta a petición de un padre, por el supuesto buen sabor del fruto. Nació en una primavera, traviesillo y feliz. De inmediato sus grandes hojas le ganaban el peso al tallo, pero él siguió luchando. Cuando lo consideraron conveniente, Aguacate fue sembrado a la sombra de un gran árbol para protegerlo de las helada. Ahora crece y se ve muy contento; su tallo está más firme y sostiene orgulloso sus grandes hojas.
Mandarina fue un capricho en las mismas macetas. Creció con tres hermanas orgullosas y serenas; platicaban muy felices al calor del tragaluz. Un día fueron trasplantadas a sus respectivas macetas y se les concedió el derecho de gozar por sí mismas del verdadero sol, pero el infortunio cayó sobre ellas y en una sequía primaveral, dos de ellas perecieron, dado al descuido de una madre. Sólo Mandarina se salvó y fue llevada de nuevo al calor del tragaluz. Ahora vive al cobijo del calor y la humedad de un baño. Siguen buscando una tierra adecuada para ella.
No todos tenemos la suerte de ser plantados y crecer con éxito, pero al ver a los sobrevivientes, uno debe preguntarse si es conveniente quedarse estático o seguir adelante. ¿Cuál es la mejor vía?
2 comentarios:
seguir adelante mandarinita!
Un arbol no siempre crece recto, yo he visto uno que otro muy torcidito jajaja :)
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